Hoy he llevado a mi hija al médico antes de ir al trabajo, a las 9:30. Como el hospital al que la llevo y el trabajo quedan medianamente cerca he tenido la brillante idea de, como iba con mi mujer, que después ella vuelvan a casa y yo desde allí me voy a trabajar en Bicing, el revolucionario invento barcelonés que pretende establecer el préstamo de bicicletas como transporte público.
Hacen especial hincapié en que es un medio de transporte y no algo para darse paseíllos, y pretenden equipararlo a metro y autobuses. Quizás tienen razón porque es igual de impredecible y poco confiable que ambos. El metro aun se salva y en algunas líneas sueles tener pocos sustos, pero todo el que viaje en autobús frecuentemente seguro que está más que harto de que los márgenes temporales sean triples respecto a los que se informan, que los autobuses siempre vayan abarrotados, o que sea lento, lento, lento...
Las bicis parecen una alternativa útil, y supongo que lo son. Yo en un año y medio que tengo el carnet no las había usado demasiado, así que, aunque es barato de momento me está saliendo caro. Hoy miré en internet, antes de salir de casa, la estación de bicing y comprobé que había muchas bicis disponibles. Al salir del hospital me acerqué a la estación, coloqué y me tarjeta y me asignaron un número.
Me llevo la bici pedaleando como un campeón y al llegar al primer cruce casi me doy la gran ostia de mi vida al girar el manillar y comprobar que la rueda no lo hacía. Resultado: media vuelta, vuelve a pinchar la bici y pide otra. La siguiente bici la saco, veo que que gira bien, me subo, pedaleo y ¡oh! que raro va esto, vaya está pinchada. Resultado: media vuelta, vuelve a pinchar la bici y pide otra. La siguiente bici la saco, veo que gira bien, compruebo que no está pinchada, me subo, y no pedaleo porque la cadena está salida. Así hasta nueve bicis. Compruebo que de las 11 libres que hay en la estación sólo 2 están en buen estado, pero esas en cambio tienen el anclaje mal y no se pueden sacar.
Total, que después de haber perdido 10 minutos que vendrían a suponer la mitad del camino andando, me doy un paseito hasta la siguiente estación de bicing. Allí me encuentro idéntico panorama: todas las bicis chungas y ¡bendita suerte! cuando me dispongo a caminar en dirección al metro una señora llega y deja su bici. La cojo prestada y me monto. La bici rueda, gira, frena, pero de las 3 marchas que tiene sólo engrana 2. Tampoco es un gran problema porque el trayecto es plano y recto, pero tiene guasa.
Recorro mi camino y voy a la estación de bicing más cercana a mi trabajo para dejarla. Sólo hay un hueco libre, así que me apuro, y pongo la bici. Nada. El anclaje está mal y no admite bicis. Sigo pedaleando hasta la siguiente estación (y alejándome de mi trabajo) y allí pruebo hasta en 4 anclajes antes de encontrar uno que funcione.
Por fin llego al trabajo. He tardado más o menos lo mismo que si hubiera ido andando pero al menos he conseguido algo sobre lo que escribir mi entrada de hoy.
Seguiré yendo en moto.

Comentarios
Saludos
lo he usado en todo el año, y digo solo una cosa,
me dare de baja el año que viene
;)
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